lunes, 19 de diciembre de 2011

Para una historiografía de la literatura clásica durante la Edad de Plata de la cultura

Haber logrado trazar una historia de los manuales de literatura griega y latina en España puede parecer empresa vana u ociosa. Sin embargo, se parece mucho a la labor de un entomólogo. Poco a poco se van viendo las diferencias habidas entre los documentos, tanto las meramente científicas como las propiamente ideológicas. Alguna vez terminaré el catálogo de manuales, pero por ahora disfruto (y sufro) del proceso que conlleva su elaboración. Como los arqueólogos, suelo aprovechar lo que llamo "las campañas de verano", pues es entonces cuando puedo trabajar sin el agobio del día a día. FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE


Las cuatro grandes etapas que en otro lugar[1] hemos establecido para el desarrollo de la Historiografía de la Literatura latina en España pueden enunciarse como sigue: la del llamado pensamiento ilustrado, definido por la «Historia crítica», de carácter culto y erudito; el período romántico, donde se desarrolla la «Historia filosófica», ligada a lo popular y lo nacional; el «Historicismo», donde la fe en la ciencia positiva termina de asentar la idea de una Historia de la Literatura latina propiamente dicha, y, finalmente, la etapa de los tres primeros decenios del siglo XX, definida por la tensión entre el «Positivismo» heredado del siglo anterior y la nueva «Crítica estética». El caso español se resume perfectamente si pensamos en cuatro manuales posibles y correspondientes a cada etapa que, sin embargo, nunca existieron: un gran manual crítico escrito por Gregorio Mayáns en los años setenta del siglo XVIII[2], un manual romántico compuesto por Alfredo Adolfo Camús hacia 1860[3], un manual historicista escrito por Marcelino Menéndez Pelayo entre 1880 y 1900[4] y, finalmente, un manual de carácter estético-idealista compuesto por Pedro Urbano González de la Calle hacia los años veinte del nuevo siglo[5]. Precisamente, en este capítulo vamos a centrarnos en los dos últimos períodos, definidos por la consolidación del paradigma historicista y su relativo agotamiento con el cambio de siglo. De esta forma, a partir del decenio de los años sesenta del siglo XIX, pasada la etapa romántica, ya no supone novedad alguna la explicación de las literaturas nacionales en términos rigurosamente históricos, al contrario de lo que ocurría en los primeros tiempos de Gil de Zárate, durante los años cuarenta y cincuenta del siglo XIX, pues todavía entonces la orientación histórica tenía un claro sesgo liberal y romántico. El paradigma de la Historia de la Literatura se ha consolidado en la enseñanza hasta el punto de que se termina entendiendo como un hecho natural. Síntoma notable de este nuevo estado de cosas es la publicación en 1866 de la Historia de la Literatura latina de Villar y García, donde el material de estudio se organiza claramente por medio de los períodos históricos, frente al esquema de los tres grandes géneros que definía la etapa romántica durante los tres decenios anteriores, a saber: Poesía, Elocuencia e Historia. Asimismo, los propios ecos de la llamada «Polémica de la ciencia española», abanderada por Menéndez Pelayo y Gumersindo de Azcárate, también irán apareciendo discretamente en el tibio panorama de los estudios sobre la Antigüedad. Se iniciaba así un largo y complejo proceso que terminará cristalizando al siglo siguiente con la creación oficial de los estudios de Filología clásica en 1933[6]. No creemos, en este sentido, que sea un hecho casual que en 1878 (y luego en 1879) se publique la versión española de la Historia de la Literatura latina del autor alemán Juan Félix Baehr a cargo de Francisco María Rivero, catedrático de Sánscrito en Madrid desde 1877. Así las cosas, si el positivismo de mitad de los años setenta había supuesto una reacción contra el idealismo[7], el paso al siglo XX conlleva un cierto agotamiento de este mismo Historicismo que se plasma, por ejemplo, en las propuestas alternativas de la Estética de Benedetto Croce, encaminadas a valorar de nuevo la literatura como un hecho fundamentalmente estético antes que como mera historicidad. Los manuales de Literatura clásica reflejan perfectamente el estado de las ideas y sus cambios desde 1868 hasta 1936. Su estudio detenido permite apreciar la variedad de planteamientos y también de diferencias ideológicas, no trazadas hasta el momento y que merece la pena reseñar. FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE





[1] F. García Jurado, «Ensayo de una Historiografía de la Literatura latina en España (1778-1936)», Revista de Estudios Latinos, 8, 2008, págs. 179-201.
[2] En particular, su Vida de Publio Virgilio Maron, con la noticia de sus obras traducidas en castellano (Valencia, 1778) constituye un valioso comienzo de lo que podría haber sido (y no fue) nuestra Historiografía de la Literatura latina en España.
[3] A tenor de lo que declara Francisco García Rivero (futuro traductor del manual alemán de Baehr) al comienzo de su tesis doctoral (F. García Rivero y Godoy, Demóstenes y Esquínes. Thésis presentada á la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, Madrid, 1866), Camús preparaba una obra de este tipo: «Y ha sido tanta su amabilidad, que no ha tenido inconveniente en facilitarnos las cuartillas de sus Lecciones histórico-críticas de literatura clásica, obra en que actualmente trabaja y que lleva ya muy adelantada». Asimismo, hemos descubierto poco antes de escribir este capítulo una nueva obra de Camús redactada todavía en latín, y que en parte responde a este cometido: Litterarum Latinarum Institutiones. Tomus primus, Madrid, 1852.
[4] Nos atrevemos a expresar este deseo a tenor de la calidad de su tesis doctoral dedicada a estudiar la novela entre los latinos, a la que después volveremos. Menéndez Pelayo renunció, sobre todo, a escribir un manual de Historia de la Literatura española que, en opinión de J. C. Mainer, «La invención de la Literatura española», en D. Romero López (coord.), Naciones literarias, Madrid, 2006, 201-230, pág. 222: «hubiera hecho digno trío de honor con la italiana de Francesco De Sanctis y la francesa de Gustave Lanson».
[5] Solamente las notas a su traducción del manual de Literatura latina de Friedrich Leo constituyen un prodigio de buen hacer crítico y filológico. Véase al respecto F. García Jurado, «Cuando el tiempo se detiene. Los avatares de una Historia de la Literatura latina publicada en Colombia: Pedro Urbano González de la Calle», Literatura: teoría, historia, crítica, 11, 2009, Nuevas tendencias en la literatura antigua (en prensa).
[6] F. García Jurado, «El nacimiento de la Filología clásica en España. La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid (1932-1936)», Estudios clásicos 134, 2008, 77-104, págs. 80-82 especialmente.
[7] J. L. Abellán, Historia crítica del pensamiento español. Tomo V (1). La crisis contemporánea (1875-1936), Madrid, 1989, pág. 75: «El positivismo es, en realidad, una reacción contra el idealismo, que tiene su fecha clave en 1875».

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